lunes, 26 de diciembre de 2011

Isaac Cuenca



A la hora de hablar de Isaac Cuenca hacerlo simplemente de su descaro y atrevimiento es quedarse corto. Con apenas 5 partidos en la élite ha mostrado mucho más.
En la rueda de prensa tras el partido ante el Levante, Pep Guardiola habló sobre Cuenca y la mayoría de medios optaron por sacar a relucir el comentario sobre su aspecto en lugar de quedarse con que Pep destacó una de sus virtudes por encima de todas y no fue ni el regate ni el centro ni el remate.

Decía Pep que Cuenca sabe estarse quieto por el bien de los demás, una reflexión que dice mucho más de lo que parece. Si este chico está llegando a donde tantos otros no lo hacen es por su inteligencia.

Nacido en Reus, el 27 de abril de 1991, Isaac Cuenca se ha convertido en la última apuesta de futuro de Pep Guardiola. Un técnico que convirtió al joven futbolista en el 18º canterano en debutar a sus órdenes (el 19º fue el juvenil Gerard Deulofeu) el pasado 19 de octubre, en el encuentro disputado frente al Viktoria Plzen en la fase de grupos de la Champions League, y que, hasta la fecha, ya le ha utilizado durante 391 minutos.

La cifra evidencia la confianza que Guardiola (que dio la alternativa a Cuenca motivado por las bajas de los ya recuperados Alexis Sánchez y Pedro Rodríguez) ha depositado en un jugador vertical, rápido y dotado de una excelente técnica y una facilidad suprema para el regate. Pese a ser diestro, Cuenca utiliza bien la izquierda y se ha convertido en una opción versátil y de garantías para el técnico de Santpedor.

Hasta encandilar a Guardiola, sin embargo, Cuenca ha vivido, pese a su corta edad, un largo peregrinaje en el que ha hecho gala de su tesón, su esfuerzo y su enorme capacidad de sacrificio.
Isaac Cuenca, de pie, el primero a la derecha.

Con 7 años empezó a jugar en el Unió Barri Juroca de Reus, el equipo de su colegio. Ya a esa edad despuntaba y fue convocado para un torneo de verano con una selección de Reus, siendo el mejor jugador del torneo, y con 9 años el Espanyol lo fichó.
Allí se convirtió en una de las joyas del fútbol base, pero a los 11 años, Cuenca cambió el Espanyol por el Barça, donde siguió creciendo hasta que con 14 aparecieron los sinsabores y las pruebas de fuego para un jugador dotado de una enorme fortaleza mental.


Cuenca con el Espanyol
Su primera decepción, curiosamente, la vivió en el Barça que, ahora, lo ha presentado a la élite. El club azulgrana le fichó dos años después de su aterrizaje en el Espanyol y en las categorías inferiores culés se hartó a calentar banquillo. La titularidad era territorio de Gai Assulin, ahora propiedad del Manchester City y recientemente cedido al Burnsley ( equipo de la Championship inglesa), y la impotencia se apoderó de un Cuenca que acabó estancándose, tampoco ayudado por su físico, algo más endeble que los demás chicos de su edad.



Isaac Cuenca jugando en el Santas Creus
Cuenca sólo quería jugar y jugar, y ante tal situación, el jugador tuvo la valentía de abandonar el club azulgrana para buscar minutos en el Santas Creus de su Reus natal. Allí se reencontró con las buenas sensaciones, demostrando su clase tanto dentro como fuera del campo, donde era habitual verle con una pelota haciendo malabarismos con ella, yendo de casa al colegio dando toques con la pelota sin que esta tocara el suelo.

A los 16, volvió a Barcelona para enrolarse en las filas de La Damm, la exitosa escuela de fútbol base recaptadora de jóvenes talentos, de donde han salido jugadores como Álvaro Vázquez (Espanyol), Sergio García (Espanyol), Dani García Lara (ex- Real Madrid, Barça, Zaragoza, Mallorca o Espanyol), Curro Torres (ex- Valencia), Víctor Vázquez (Club Brujas), Sergio Tejera (Mallorca) o el entrenador del R.C. Celta de Vigo, Paco Herrera.

Isaac Cuenca con la Damm, jugando contra el Barça de Oriol Romeu.

Tras un año en el club cervecero, y un grandísimo trabajo realizado, el Barcelona volvió a interesarse en él (también lo hizo el Espanyol) y Cuenca emprendió una segunda etapa en Can Barça no exenta de dificultades.

El año pasado, el ex técnico del Barça B, Luis Enrique, puso en tela de juicio su capacidad para brillar en el segundo equipo barcelonista y Cuenca fue inteligente (y valiente) al emigrar al Sabadell, donde actuó la temporada pasada en calidad de cedido. En el equipo arlequinado, el extremo catalán completó un curso excelso y sus aportaciones fueron clave para que el Sabadell certificara su ascenso a la Liga Adelante.
Cuenca en el Sabadell.

Pero Cuenca soñaba con jugar en el Barça, donde cada día en su habitación miraba los recortes y los pósters de sus ídolos pensando en que algún día el aparecería con ellos en las fotos.
Sólo unos meses después la imaginación se hizo realidad. Guardiola se lo llevó a la pretemporada y se fijó en el, hasta haciéndolo debutar en el primer equipo. Pero Isaac es pura humildad y sabe que su rol es estar en el filial blaugrana y que trabaja para ganar con ellos, aunque Pep confía en él y ahora, el exilio ya forma parte del pasado. ¿Quién le iba a decir cuando se fue al Sabadell que quince meses después llevaría tres asistencias en Champions League?

Cuenca es un extremo a la antigua usanza: prefiere jugar en su banda y no a pierna cambiada, un uso que ha ganado tanto terreno que ha arrinconado a la antigua estirpe de bailarines de la línea de cal. Su salida natural es para fuera y completa su talento para el dribling con la de centrar muy bien en carrera, una capacidad en la que los españoles somos inferiores a los ingleses y los alemanes. Además, tiene rigor táctico para mantener su posición cercana a la línea de cal, consciente de que le hace más bien a su equipo abriendo el campo y esperando que yéndose al centro a buscar la pelota.

Sabe esperar, quedarse en su zona, ensanchando el campo, dando amplitud al frente de ataque y obligando a que el lateral rival se tenga que quedar a vigilarle y no se dé tantas alegrías en ataque (algo vital en el 3-4-3 de Guardiola: que el rival no logre superioridad para atacarles por banda; recordemos cómo sufrió el Barça con el flanco izquierdo del Valencia).

En el tema de esperar hay una gran diferencia entre hacerlo por obligación o por entendimiento. 

El que lo hace obligado, por orden del entrenador, sin gustarle, acaba pensando demasiado en sí mismo cuando por fin le llega la pelota. El que lo hace porque comprende que es lo mejor, sigue pensando en el equipo cuando le llega la pelota y, en consecuencia, suele escoger con más acierto cuándo encarar, cuándo centrar, cuándo jugar de primeras…

Cuenca no será el que mejor regatea, ni el que más corre, ni el que mejor centra, ni el que más salta. Tampoco lo eran, ni lo son, Xavi, Iniesta, Fàbregas, Pedro, Thiago
En el fútbol, por más físico que se ponga, el fútbol seguirá siendo por siempre jamás de los jugadores inteligentes. Como Isaac Cuenca.



  • Isaac Cuenca haciendo virguerías con la pelota cuando aún era un chavalín.





  • En su etapa el año pasado con el Sabadell.





  • Su época como canterano azulgrana.





  • Una delicia que dejó en el partido contra el Zaragoza.





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